Criterio Nuestro es el blog personal de Simón Adrián Peraza Lazarde. Un poco de mucho donde participan colaboradores escribiendo opinión, investigación y demás géneros periodísticos o literarios.

miércoles, 23 de marzo de 2016

El tinte demócrata

En 1959 llegó al poder la llamada revolución cubana, para ese entonces Venezuela y sus ciudadanos se habían librado del régimen de Pérez Jiménez. Ambos países compartían de estos eventos las ansías de una sociedad más justa, sin crueldad. Los venezolanos para ese momento comenzaron su camino por la etapa democrática, época que no estuvo exenta de atentados a presidentes y corrupción pero que permitió transitar por un período apegado a la voluntad electoral y gobiernos civiles; por su parte Cuba comenzó su largo y represor camino revolucionario, gobierno que aún se mantiene dirigiendo el destino de los cubanos en la isla.

La actualidad de ambos países vuelve a coincidir con la llegada de la revolución chavista a Venezuela, fieles admiradores del gobierno cubano y sus teorías izquierdistas. El lenguaje, la ideología, nacionalización, expropiaciones, cierre de medios de comunicación y discursos llenos de improperios contra la empresa privada, Estados Unidos y cualquier persona opositora al gobierno chavista son fiel evidencia del aprendizaje y libreto aprendido de la revolución cubana quienes en su historia han gritado ¡yankees go home!

A diferencia de la llegada al poder del gobierno cubano a través de un golpe militar, el gobierno venezolano actual logró alcanzar la presidencia de Venezuela a través del voto popular, esto después de haber sido protagonistas de dos golpes de estado fallidos.

Durante los años de revolución chavista, los lazos entre Cuba y Venezuela se han unido mucho más, para beneficio del gobierno cubano han recibido grandes cantidades de petróleo a bajo costo, muy buen negocio para la Isla del Caribe, quienes entregan a cambio miles de médicos cubanos que trabajan en misiones creadas y financiadas por el gobierno venezolano. No parece un gran negocio ese intercambio, siendo Venezuela productora de médicos de calidad, egresados de prestigiosas universidades reconocidas a nivel mundial.

Al día de hoy y después de largos 17 años de gobierno apadrinado por el gobierno cubano, coreando en contra de las políticas capitalistas y del gobierno de Los Estados Unidos, sus mentores, el gobierno de Cuba es titular en todos los medios de comunicación del mundo por su amena relación con Estados Unidos. El actual presidente del país norteamericano y su familia han visitado Cuba, el avión presidencial aterrizó en la isla al mejor estilo de Hollywood, fueron recibidos con honores, el himno americano sonó varias veces en la isla interpretado por bandas y grupos locales.

¿Cuál será el desenlace de ésta historia?

Aún se desconoce. Por ahora, Venezuela sigue gritando aunque con menos voces, menos volumen y menos dólares petroleros. ¡Deroga el decreto por favor, si! Mientras esconde el régimen pintándolo tinte de democracia. Por su parte, Cuba con el diezmado valor del petróleo y más de 50 años de una sociedad sin libertades, viviendo miserias y  con su experimento en Venezuela, ha descubierto otra forma de permanecer en el gobierno, aprendió el método camuflaje y ha comprado tintes para practicar.

Cuba con su participación por primera vez en la Asamblea de La Organización de Las Naciones Unidas, apertura de la relación con Estados Unidos experimenta vistiéndose de democracia aunque hoy, en plena visita imperial a la isla con el presidente americano aún en la isla, sin haber despegado el Air Force One, manifestantes opositores al gobierno cubano gritaban ¡Liberen a los presos políticos! ¡Abajo los Castro¡ mientras una cadena de televisión deportiva estadounidense transmitía con motivo del juego de beisbol programado entre la selección cubana y los Rays de Tampa Bay. Grabadas quedaron las imágenes de los manifestantes que minutos después fueron evacuados, policías civiles golpeaban, empujaban y montaban a los manifestantes en  patrullas. Así se destiñe el camuflaje.


Simón A. Peraza. L
@sapl42

miércoles, 9 de marzo de 2016

Paradoja de Protágoras

Argumentos recíprocos como fuente del litigio 

Curiosamente durante la revisión de textos y material jurídico aparecen lecturas extrañas, incautas e interesantes, sin contar otras muchas de aquellas que no merecen conocer su final, por su impertinencia.
Una de esas que se dejan apreciar, fue la breve historia y reconocida por otras muchas personas, que han titulado: “Paradoja de Protágoras”. Antes de transcribir el texto al cual se refiere el titulo mencionado, en una breve investigación para resaltar los detalles del curioso cuento de raíz filosófica que distingue el arte del litigio, la controversia, la retórica,  la oratoria y la argumentación, vale definir la palabra paradoja y conocer quién fue Protágoras.
Paradoja, razonamiento aparentemente correcto del que se deduce una conclusión falsa contradictoria.
Protágoras de Abdera, un filósofo sofista de origen griego, a quien se le atribuyen frases como: “El hombres es la medida de todas las cosas”, “Sobre cualquier cosa hay dos argumentos opuestos entre sí”.
La historia ha sido ampliamente contada con distintos destellos, por ejemplo, en una puede que Evatlo, quien es el discípulo de Protágoras no tuviese dinero, en otra no quiso pagar a su maestro; lo cierto, es contada con diferencias y para mi sorpresa en el texto encontrado, Evatlo tenía dinero.
La anécdota de Protágoras y su alumno ha sido publicada en distintos textos, uno de ellos, “Noches áticas”. Más de trescientas hojas en una estructura de diez libros con muchos capítulos, ahí aparece el relato Protágoras y su discípulo. ¡Vaya vaya! valió la pena encontrarlo, se diferencia de los textos ubicados previamente en los que conocí la historia del filósofo maestro y el alumno filósofo, destaca además en el  cuerpo del compendio de Aulo Gelio, otros relatos que reseñan alocuciones clasificadas en ese género, argumentos recíprocos, infinitas razones, argumentos veraces que no pierden validez bajo el concepto del relativismo.  A continuación el texto integro:
  
* Sobre los argumentos que los griegos llaman antistréfon y que nosotros podemos llamar recíproca.
1Entre los fallos que una argumentación puede presentar, sin duda alguna el mayor de todos parece ser  aquel que los griegos llaman antistréfon. 2 A este tipo de argumentos algunos de nuestros autores los han llamado, y ¡por Hercúles! Con bastante acierto, reciproca. 3Este fallo se da cuando el argumento propuesto puede ser recogido y devuelto con idéntico valor contra quien lo utilizó. Tal semeja haber sido aquella argumentación tan conocida que, según cuentan, fue utilizada por Protágoras, el más brillante de los sofistas, contra su discípulo Evatlo.

4El litigio y controversia existente entre ellos a propósito de un salario convenido fue así. 5 Evatlo, un joven rico, estaba muy deseoso de aprender elocuencia y defender pleitos. 6 Se confió a las enseñanzas de un maestro como Protágoras y prometió darle como pago una crecida suma de dinero, conviniendo en todas las condiciones establecidas por Protágoras: le entregó la mitad al comienzo mismo, antes de empezar las enseñanzas, comprometiéndose a pagarle la otra mitad del primer día que defendiera una causa ante los jueces y la ganara, 7 Luego fue discípulo y seguidor de Protágoras durante mucho tiempo e hizo grandes progresos en el estudio de la elocuencia; pero como no recibía encargo alguno de causas judiciales y el tiempo transcurrido era ya mucho, dando la impresión de que obraba así para no pagar el resto del salario convenido, Protágoras tomó una decisión que en aquel momento le pareció astuta: 8 entabló un pleito contra Evatlo.

9 Habiéndose presentado los dos ante los jueces para, respectivamente, defenderse de la acusación o probar la misma, Protágoras comenzó a hablar así: “Aprende, tontísimo muchacho, que en cualquiera de los dos casos me has de pagar lo que pido, tanto si la sentencia es favorable como si no. 10 Porque, si el pleito te es adverso, el salario deberá serme pagado por sentencia del juez por haber ganado yo; en cambio, si la sentencia te es favorable, el salario deberá serme pagado por haber ganado tú”.

11 A esto respondió Evantlo: “Pude haber salido al paso de esta artimaña tuya tan capciosa, no habiendo asumido yo el papel de defensor, sino habiéndome puesto en manos de otro abogado. 12 Pero mi placer en esta victoria es mucho mayor al ganarte, no sólo en el pleito mismo, sino también en este tipo de argumentación. 13 Aprende también tú, sapientísimo maestro, que en cualquiera de los dos casos no te abonaré el dinero que reclamas, tanto si la sentencia te es favorable como si no. 14 Porque, si los jueces resultaran favorables a mi causa, en virtud de su sentencia no se te deberá nada, por haber ganado yo; en cambio, si se pronunciaran contra mí, no te deberé nada, de acuerdo con nuestro convenio, porque no habré ganado”.

Imagen recuperada de: http://elnaufragodelaletheia.blogspot.com/2013/10/el-relativismo-de-protagoras.html 
15 Entonces los jueces, considerando que era ambigua e inexplicable la argumentación que por una y otra parte se aducía, para no pronunciar sentencia contra ambas partes y para que la sentencia no se anulara a sí misma, dejaron la cuestión sin juzgar y pospusieron el juicio para una fecha muy lejana. 16 De este modo el célebre maestro de elocuencia fue refutado por el joven discípulo con su propio argumento y quedó sin efecto la artimaña argumental tan astutamente ideada.

*Texto Recuperado de: Gelio, A. Noches áticas. Ediciones griegas y latinas. Universidad de León. Salamanca:2006 


Descarga Noches Áticas
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miércoles, 24 de febrero de 2016

Leyes Venezolanas

Descargas


    Ley Orgánica del Trabajo, de Los Trabajadores y Las Trabajadoras (2012)
         



    Código Civil (1982)    



    Código de Procedimiento Civil (1990)



    Ley Orgánica Procesal del Trabajo (2002)



    Ley Orgánica del Poder Judicial (1998)


    Constitución  República Bolivariana de Venezuela (1999) + Enmienda (2009)




    Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia (2010)



    Ley de Registros y del Notariado (2014)

    domingo, 21 de febrero de 2016

    Cómo comencé a escribir; por Gabriel García Márquez

    Primero que todo, perdónenme que hable sentado, pero la verdad es que si me levanto corro el riesgo de caerme de miedo. De veras. Yo siempre creí que los cinco minutos más terribles de mi vida me tocaría pasarlos en un avión y delante de veinte a treinta personas, no delante de doscientos amigos como ahora.
    Afortunadamente, lo que me sucede en este momento me permite empezar a hablar de mi literatura, ya que estaba pensando que yo comencé a ser escritor en la misma forma que me subí a este estrado: a la fuerza. Confieso que hice todo lo posible por no asistir a esta asamblea: traté de enfermarme, busqué que me diera una pulmonía, fui a donde el peluquero con la esperanza de que me degollara y, por último, se me ocurrió la idea de venir sin saco y sin corbata para que no me permitieran entrar en una reunión tan formal como ésta, pero olvidaba que estaba en Venezuela, en donde a todas partes se puede ir en camisa. Resultado: que aquí estoy y no sé por dónde empezar. Pero les puedo contar, por ejemplo, cómo comencé a escribir.

    “Cómo comencé a escribir” es uno de los textos que forma parte de Yo no vengo a decir un discurso de Gabriel García Márquez.
    A mí nunca se me había ocurrido que pudiera ser escritor pero, en mis tiempos de estudiante, Eduardo Zalamea Borda, director del suplemento literario de El Espectador de Bogotá, publicó una nota donde decía que las nuevas generaciones de escritores no ofrecían nada, que no se veía por ninguna parte un nuevo cuentista ni un nuevo novelista. Y concluía afirmando que a él se le reprochaba porque en su periódico no publicaba sino firmas muy conocidas de escritores viejos, y nada de jóvenes en cambio, cuando la verdad -dijo- es que no hay jóvenes que escriban.
    A mí me salió entonces un sentimiento de solidaridad para con mis compañeros de generación y resolví escribir un cuento, nomás por taparle la boca a Eduardo Zalamea Borda, que era mi gran amigo, o al menos que después llegó a ser mi gran amigo. Me senté y escribí el cuento, lo mandé a El Espectador. El segundo susto lo obtuve el domingo siguiente cuando abrí el periódico y a toda página estaba mi cuento con una nota donde Eduardo Zalamea Borda reconocía que se había equivocado, porque evidentemente con “ese cuento surgía el genio de la literatura colombiana” o algo parecido.
    Esta vez sí que me enfermé y me dije: “¡En qué lío me he metido! ¿Y ahora qué hago para no hacer quedar mal a Eduardo Zalamea Borda?”. Seguir escribiendo, era la respuesta. Siempre tenía frente a mí el problema de los temas: estaba obligado a buscarme el cuento para poderlo escribir.
    Y esto me permite decirles una cosa que compruebo ahora, después de haber publicado cinco libros: el oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica. La facilidad con que yo me senté a escribir aquel cuento una tarde no puede compararse con el trabajo que me cuesta ahora escribir una página. En cuanto a mi método de trabajo, es bastante coherente con esto que les estoy diciendo. Nunca sé cuánto voy a poder escribir ni qué voy a escribir. Espero que se me ocurra algo y, cuando se me ocurre una idea que juzgo buena para escribirla, me pongo a darle vueltas en la cabeza y dejo que se vaya madurando. Cuando la tengo terminada (y a veces pasan muchos años, como en el caso de Cien años de soledad, que pasé diecinueve años pensándola), cuando la tengo terminada, repito, entonces me siento a escribirla y ahí empieza la parte más difícil y la que más me aburre. Porque lo más delicioso de la historia es concebirla, irla redondeando, dándole vueltas y revueltas, de manera que a la hora de sentarse a escribirla ya no le interesa a uno mucho, o al menos a mí no me interesa mucho; la idea que le da vueltas.
    Les voy a contar, por ejemplo, la idea que me está dando vueltas en la cabeza hace ya varios años y sospecho que la tengo ya bastante redonda. Se las cuento ahora, porque seguramente cuando la escriba, no sé cuándo, ustedes la van a encontrar completamente distinta y podrán observar en qué forma evolucionó. Imagínense un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de diecisiete y una hija menor de catorce. Está sirviéndoles el desayuno a sus hijos y se le advierte una expresión muy preocupada. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella responde: “No sé, pero he amanecido con el pensamiento de que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.
    Ellos se ríen de ella, dicen que ésos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el adversario le dice: “Te apuesto un peso a que no la haces”. Todos se ríen, él se ríe, tira la carambola y no la hace. Paga un peso y le pregunta: “¿Pero qué pasó, si era una carambola tan sencilla?”. Dice: “Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi mamá esta mañana sobre algo grave que va a suceder en este pueblo”. Todos se ríen de él y el que se ha ganado el peso regresa a su casa, donde está su mamá y una prima o una nieta o en fin, cualquier parienta. Feliz con su peso dice: “Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla, porque es un tonto”. “¿Y por qué es un tonto?”. Dice: “Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado por la preocupación de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo”.
    Entonces le dice la mamá: “No te burles de los presentimientos de los viejos, porque a veces salen”. La parienta lo oye y va a comprar carne. Ella dice al carnicero: “Véndame una libra de carne” y, en el momento en que está cortando, agrega: “Mejor véndame dos porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado”. El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice: “Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se está preparando, y andan comprando cosas”.
    Entonces la vieja responde: “Tengo varios hijos; mire, mejor déme cuatro libras”. Se lleva cuatro libras y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice: “Se han dado cuenta del calor que está haciendo?”. “Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor.” Tanto calor que es un pueblo donde todos los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos. “Sin embargo -dice uno-, nunca a esta hora ha hecho tanto calor.” “Sí, pero no tanto calor como ahora.” Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: “Hay un pajarito en la plaza”. Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
    “Pero, señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.” “Sí, pero nunca a esta hora.” Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo. “Yo sí soy muy macho -grita uno-, yo me voy.” Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen: “Si éste se atreve a irse, pues nosotros también nos vamos”, y empiezan a desmantelar literalmente al pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo dice: “Que no venga la desgracia a caer sobre todo lo que queda de nuestra casa” y entonces incendia la casa y otros incendian otras casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio clamando: “Yo lo dije, que algo muy grave iba a pasar y me dijeron que estaba loca”.
    Recuperado de: http://prodavinci.com/2016/02/15/artes/como-comence-a-escribir-por-gabriel-garcia-marquez/

    lunes, 15 de febrero de 2016

    Mientras diga popular el pueblo está gobernando

    Hemos sido timados. Muchos lo vaticinaron, otros se esperanzaron y se desilusionaron, unos pocos siguen creyendo, lo cierto es, nos estafaron. 

    Llegaron al poder vestidos con ínfulas de mesías, mostrando credenciales de salvadores. Llegaron como la solución, confundiéndose y bañándose de pueblo, declarando a la prensa las proezas y planes para acabar con la pobreza y la corrupción, hoy es una cúpula que sigue dirigiendo sin rumbo pero con fracaso como destino.

    Evitar ser como gobiernos pasados fue su premisa, gritaron a vox populi: ¡No volverán! Lo cierto es que nunca se fueron, se vistieron de tono sangre y se hicieron llamar revolucionarios. Desde que agarraron el coroto y hasta la fecha, han cambiado logos, nombres, pasajes históricos. Los nombres de ministerios se convirtieron en largas retahílas con el prefijo obligatorio: “Poder Popular”,  para que así el pueblo sintiese que gobernase y dirigiese la manera de seguir siendo pobres, pobreza que aumentaron el mesías y su discípulo, fracasados.

    La ducha de pueblo bañó, baña y sigue bañando. Cadenas y cadenitas con monólogos y participación popular supervisada, simulan contribución, pero si, el pueblo decide sobre lo decidido.

     ¿Quieren más poder popular para el pueblo?
    Y el grupo presente murmulla: 
    - Si.

    El verbo, la palabra, el discurso, elemento fundamental del timo revolucionario, cual mago que presenta su acto de magia y distrae con verborrea de antesala. Pueblo, gobierno, estado, patria, nosotros y ustedes, son para sus fines términos iguales, no hay diferencia, un ejemplo:

    -          …para que el poder del pueblo gobierne y cree la patria de nosotros…

    Distorsionar el verbo, confundir términos, crear discursos sin contenido pero con mucha terminología popular, es sopa para la gente, que digo para el pueblo, para la patria, el estado, ustedes o nosotros, como sea.
      
    Otra parte del chantaje, el discurso de entretenimiento. A falta de la rochela, la consigna es: Te distraigo con palabras, un poquito de odio, un chistecito o una canción mal interpretada, y si con eso no es suficiente, bailar también es posible, eso sí, preferiblemente en cadena y para cerrar un grito de apoyo que suene bien patriotero, lo tengo: ¡Así es que se gobierna!

    Y para que el pueblo gobierne más, mientras la pobreza se enquista, al pueblo que se inscriba en un grupito, en la cadena de mañana lo nombran. Una patrulla, un patrullero; una comuna, un comunero; y que sigan gritando, ¡Así es que se gobierna!

    Años han pasado, corre la segunda década en desidia, la pobreza y el mal vivir no se puede ocultar con la red de medios, ni con consignas, ni con el verbo, ni con maromas. El legado es corrupción, no es dictadura pero tampoco es democracia, es un sistema más perverso que se camufla de inocente, que se vale de las necesidades básicas del ser humano mientras saquean el dinero de la nación, la pobreza aumenta y los bolsillos de un grupo se llenan.

    hemos sido estafados pero: ¡Así es que se gobierna!


    viernes, 29 de enero de 2016

    ¡Tengo to’a vaina!

    Eso decía mi amigo cuando le preguntaba por algún disco de música venezolana.

     -Adolfo, tú no tienes el disco de Benito Quiros, en el que está la canción mis dos… Antes de terminar la oración, mi amigo respondía: - Cara’, que ganas tienes tú. 

    Pocos días pasaban y si corría con más suerte, minutos para tener la dicha de obtener el disco para mi deleite, en ese caso particular, el LP, grabado en disco compacto con la canción “Mis dos amores”, una jocosa pieza de música venezolana, que podría haber sido cantada fácilmente por Adolfo, quien tenía virtud del margariteño, la instantánea gracia autóctona. 

    Nueve o diez años mi edad cuando conocí al Sr. Adolfo, así me refería a él, con mucha formalidad antes de hacer buena amistad e informalmente con el pasar del tiempo. Hoy su nieto Santiago, el hijo menor de Tomás, utiliza el titulo señor conmigo, así ha pasado el tiempo.

    Con motivo de su partida física y para que no solo permanezca en la memoria de quien lo conoció, dedicar líneas de anécdotas es tarea grata. 

    Adolfo no fue músico pero fue amante de la música, de toda música, de escucharla él y todos con mucho volumen, fue un coleccionista, música venezolana por excelencia, discos de acetato de Simón Díaz, Gualberto Ibarreto, José Ramón Villarroel, Hernán Marín, Quinteto Contrapunto, Hernán Gamboa, Serenata Guayanesa y más, son esos algunos que disfrutaba acostado en una hamaca en el patio mientras su esposa hacía los dulces típicos asuntinos.

    Con la llegada de la tecnología, Adolfo utilizó muchas de sus horas escuchando y mejorando sus long play o elepé, convirtiéndoles al formato compacto. Era él, de otra generación distinta a la actual, la tecnológica, pero logró entender con dedicación la llegada de esos aparatos y su uso.

    No solo fue música. Cotoperíes, hicacos, mangos, mangas y árboles de esos y otros frutos sembró, defendió de cada generación que durante la infancia, atacó con palos, piedras, latas y trepadas. Quienes lo hacían, si corrían con suerte, él les daba permiso de bajarlos sin la presión de ser descubiertos asaltando a escondidas. 

    En navidades se escuchaban villancicos, parrandas, aguinaldos desde su casa; precisamente en esa época, en algún año pasado, recibí un disco, con la lista de canciones manuscrita y el título decía: “Medio Evo”. Le había preguntado algunos días atrás: 

    - Adolfo tienes esa canción de la muchachita que canta gritando, la que pide la cantimplora. 

    Ese día no fue la excepción, repondió: 

    - ¡Cara’ Simonatooo! Te he dicho que ¡Tengo to’a vaina! Es de Medio Evo.

    Para mi amigo Adolfo Rafael  † 24-01-2016

    jueves, 28 de enero de 2016

    Nueva Esparta sin voz...

    Los cuentos de los abuelos margariteños que narran la vida del insular, la cotidianidad o las costumbres más autóctonas, siempre son adornados con la tranquilidad de dormir a puertas y ventanas abiertas, sin protección, sin rejas, eso fue hace no mucho tiempo. El paraíso de vivir en la isla era resaltable por la seguridad, de la misma forma en que se destaca la maravilla de contar con las playas más bellas de Venezuela, esas playas donde podías pernoctar, ir de pesca, campamento, sin pensar en miedos y violencia, era impensable en otrora que sucediera algún hecho de violencia que perjudicara la integridad del margariteño y/o visitante.

    Lo destacaba José Marcano Rosas en Testimonios Margariteños: Margarita estuvo durante muy largo tiempo sensiblemente sustraída de la supuesta influencia, de toda índole, que como isla cercana al país continental debió prevalecer…”; algo que muchos otros autores, abuelos y padres defensores de la insularidad lo han expresado.

    Si bien es cierto que Margarita no volverá a ser la misma, gracias a los cambios y alteraciones en la cotidianidad, la economía vigente y las malas costumbres permitidas, se hace necesario exigir como margariteños, los mejores deseos y recuerdos de Margarita y su gente, voces de reclamo y firmeza para con quienes dirigen o dirigirán el gobierno insular, para quienes representan la isla fuera del terruño.

    Con motivo de la situación recientemente acontecida en Margarita, hecho condenable, que no es ajeno al conocimiento de la sociedad pero que ocurrió en la región que hasta hace no muchos años era considerada el paraíso tropical de Venezuela, es razonable destacar unas breves líneas que reseñe y funja como queja ante las autoridades y representantes, quienes debieron no solo condenar los hechos, sino buscar e implementar las herramientas para evitar que el comportamiento y la zozobra que causaren personas privadas de libertad, disparando armas dentro de un recinto penitenciario, afectando así al ciudadano, vecino y poblador de la región, no se repitan.

    Es necesario que la insularidad del margariteño como gentilicio sea exaltada en todos los niveles, debe hacerse obligatorio, una gran campaña permanente que resalte todas aquellas creaciones, personalidades con alto valor moral, académico, artístico para contrarrestar la infinidad de ejemplos cargados de antivalores que atacan la sociedad y que han desvirtuado la esencia de la isla, de Paraguachoa. Ya lo avizoraba Domingo Carrasquero en sus zapatos maqueros Desde que usted estaba ausente, todo se estaba cambiando y esto se iba transformando y así le duele a mi gente“, se quedó corto, cambiar tradiciones u olvidar las tradiciones no es buen presagio.  
    A modo de propuesta, para evitar el olvido de las raíces y honrar el trabajo del margariteño, podrían sustituirse las vallas con fotos de personeros de gobiernos nacionales, regionales y/o municipales, para así destacar en esos espacios: La hazaña de los pescadores en sus faenas, el trabajo de investigación de Francisco Antonio Rísquez, las bondades de esos muchos profesionales margariteños que tienen méritos y han aportado tanto a la región. Son solo pequeñas muestras de buenos ejemplos que deberían ser difundidos y repetidos, para enseñar y motivar a las nuevas generaciones a ser buenos ciudadanos con sentido de pertenencia.

    Nueva Esparta y sus habitantes, enamorados de corazón, nacidos o navegados sin distinción, luego de la situación de espanto, desagradable y de terror que generó un hecho delictivo y sus consecuencias, esperaban más de sus voces en la Asamblea Nacional; Luis Emilio Rondón, Orlando Ávila, Jony Rahal, Tobías Bolívar y Dinorah Villasmil, diputados recientemente elegidos, no participaron para expresar con conocimiento de causa y como principales representantes de los afectados, el pueblo de Nueva Esparta.

     Dijera la abuela de quien escribe, por cierto margariteña ella, “como el que se caga y no lo siente”, unos paseando por el hemiciclo, otros ausentes, en fin.

    Lo cierto es, que mientras transcurría la discusión del asunto penitenciario detonado por el hecho ocurrido en San Antonio, Margarita; la voz del pueblo no se escuchó, quedando afectados por cierres de calles, suspensión de actividades en colegios y universidades, sin transporte público cual paro o fiesta nacional. 

    Margarita como parte de la Venezuela que sufre por la inseguridad, por la incorporación habitual de la obscenidad, por el irrespeto a los derechos humanos, necesita de la gente moral y eticamente respetable, necesita de voces que expresen con urgencia pero con coherencia, con sentimiento pero sin miedo, el respeto al margariteño y su isla que va perdiendo su paraíso por omisión gubernamental.


    domingo, 3 de enero de 2016

    La relación mercantil frente a la presunción de laboralidad

    Es común en la actividad procesal laboral como defensa patronal, adornar las relaciones laborales, con la finalidad de desorientar el proceso y sus intervinientes. Como defensa ante las relaciones laborales se alega que: la relación que unió a las partes fue netamente mercantil, pudiendo aportar contratos mercantiles, compañías o firmas mercantiles. La existencia de esos acuerdos mercantiles no es suficiente para determinar la relación entre partes como “Mercantil”. Para determinar el carácter laboral del individuo se debe acudir al test de laboralidad, desmembrar los elementos en cada caso en particular.  

    El análisis bajo el test de laboralidad, es una herramienta utilizada por los jueces para reconocer el vínculo real de las partes, trabajo o prestación de servicio. En ésta oportunidad habiendo alegado la representación patronal en su oportunidad, la figura mercantil como vinculo entre las partes, insinuando así, la posibilidad de desvirtuar la presunción laboral, le corresponde la carga de probar, tal como lo señala en su texto la decisión N° 1015 de la Sala Social del Tribunal Supremo de Justicia de fecha 03 de noviembre de 2015, a la cual se hará referencia en lo adelante:

     “…que la Alzada utilizó como punto de partida para su análisis la presunción de laboralidad, con lo cual aplicó e interpretó correctamente el artículo 53 de la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras, indicando acertadamente que correspondía a la parte demandada desvirtuar dicha presunción, en virtud de que al contestar la demanda ésta aseguró que se trataba de una relación de índole mercantil, con lo cual queda claro que tampoco dejó de aplicar, como se afirma en la denuncia, el artículo 72 de la Ley Orgánica Procesal del Trabajo, relativo a la carga de la prueba en el proceso laboral…” (p.5).

    Insiste la Sala en distinguir el punto controvertido del proceso laboral, destacando:

    “…En la causa sub examine, se evidencia que el punto medular de la presente litis devino indudablemente en la calificación jurídica de la prestación de servicio realizada por el accionante, en virtud que la empresa demandada pretendió desvirtuar la presunción de laboralidad con fundamento en que la vinculación que existió entre ellas se limitaba a una relación netamente mercantil…” (p.9).

    Del análisis documental realizado en su oportunidad por el tribunal de la causa, se evidenció:

     “…la prestación de servicio consistía en que se retiraba, trasladaba, distribuía y se devolvían los periódicos no colocados, los créditos hechos al actor por devoluciones. Asimismo, el pago realizado por el actor de ayudantes, de alimentación y gasolina, es decir, el actor asumía los gastos de gasolina y mantenimiento del transporte y que el actor contrataba y pagaba los gastos de sus ayudantes y obreros como consta en las facturas y recibos consignados…” (p.12).

    Del párrafo anterior se puede destacar la obtención de elementos que corresponden a los indicios que se busca obtener a través de la aplicación del test de laboralidad, pudiendo llegar la Sala a la conclusión siguiente:

    “…la sentencia recurrida determinó que la relación objeto de la presente controversia fue de carácter netamente mercantil, toda vez que la demandada logró desvirtuar la presunción de laboralidad al demostrar que el actor ejecutaba el servicio con recursos propios y con trabajadores bajo su dependencia, con lo cual no quedó evidenciada la simulación o el fraude laboral al que se hace mención en las referidas normas atinentes a la tercerización, entonces mal podían ser éstas aplicadas a la controversia…”