Criterio Nuestro es el blog personal de Simón Adrián Peraza Lazarde. Un poco de mucho donde participan colaboradores escribiendo opinión, investigación y demás géneros periodísticos o literarios.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Obama y Castro presentes en la Asamblea General de la ONU

Ambos mandatarios compartieron en su discurso la necesidad de levantar el embargo 
Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro en representación de sus países, participaron en la 70° Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas celebrada en la ciudad de Nueva York, luego de poco más de 50 años con relaciones diplomáticas distanciadas entre ambos países, en 2015 han alcanzado importantes avances en su diplomacia, aperturas de embajadas y acuerdos de cooperación así lo certifican.
Barack Obama destacó la labor de la ONU desde su creación, evitando terribles conflictos e impidiendo que grandes países impongan su voluntad. Obama en referencia al desarrollo de las naciones, reflexionó sobre la necesidad de pueblos libres, con acceso a la información verdadera, respetando ideales de quienes se oponen a políticas gubernamentales y dijo: “Se pueden encarcelar a los opositores pero no puedes encarcelar las ideas”. Finalizó su ponencia mencionando que las fortalezas de las naciones radican en las libertades, conocimientos y la creatividad de sus pueblos.
Por su parte, Raúl Castro en su primera participación ante la ONU, narró una breve historia de la ausencia de Cuba ante la organización, subrayó la importancia del organismo a nivel mundial aunque indicó la necesidad de reformarlo. Castro, expresó también apoyo y solidaridad con los pueblos y gobiernos de Venezuela y Ecuador. Terminó el mandatario cubano, insistiendo en la necesidad de concretar el levantamiento del embargo a su país.   
Ambos presidentes tienen fijado reunirse en esta primera visita de Raúl Castro a los Estados Unidos de América, con la finalidad de seguir afinando las políticas de cambio en sus relaciones y satisfacer a sus pueblos con fundamento en el respeto de los Derechos Humanos y los derechos individuales de las personas, principios que en palabras del presidente norteamericano dieron nacimiento a la Organización de las Naciones Unidas hace 70 años. 

viernes, 25 de septiembre de 2015

No es la carta de Gualberto

Es una costumbre despertar y escuchar la radio, programas informativos mientras transcurren las primeras horas de la mañana, esos momentos en el que tomas una ducha, preparas desayuno, tomas una taza de café con leche, solo café o alguna otra bebida, conversas; son minutos destinados a escuchar los hechos noticiosos actuales.
Aún cuando los medios comunicacionales han evolucionado rápidamente, twitter, prensa digital; la radio sigue siendo oportuna, rápida y veraz, puede informarte y entretenerte mientras realizas actividades y labores impostergables, como cepillarte los dientes antes de salir del hogar en la mañana.
En noticias, un gran periodista de un distinguido programa de tradición venezolana con entrevistas, lectura de prensa diaria y buena música, ha sido apercibido por la policía comunicacional creada con facultades de acoso a medios de comunicación, periodistas y cualquier otra persona que exprese desacuerdo en contra de un gobierno, que defiende desde sus inicios una condición democrática pero que cercena los derechos de libertad de opinión y expresión diariamente.
El órgano creado por el gobierno actual, emitió un comunicado, catalogando al periodista como un traidor a la patria por no interrumpir al entrevistado de turno en sus quejas y denuncias en contra del gobierno nacional venezolano y algunos representantes; quizás los gobernantes de turno y los periodistas adiestrados y seguidores inscritos abiertamente en el partido de gobierno están acostumbrados a realizar entrevistas con preguntas prefabricadas y temas prohibidos, costumbre del modelo siglo XXI.
El caso no es ese, aunque tela para cortar tenga. La inquietud para escribir estas líneas viene dada por la identificación del periodista venezolano como mexicano, por haber nacido en México. El periodista en atención al aviso nazista, respondió con una carta titulada “Una pequeña historia“, que efectivamente nació en México por el exilio de sus padres VENEZOLANOS durante la dictadura de Pérez Jiménez. Ahora, es buen momento de recordar el artículo 32 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: Son venezolanos y venezolanas por nacimiento: 3. Toda persona nacida en territorio extranjero, hijo o hija de padre venezolano por nacimiento y madre venezolana por nacimiento.
La situación trae muchos sentimientos, pena, vergüenza, tristeza por los actores del estado, poco estudiados y asignados por el actual gobierno. Hace pocos meses un padre mas, otro de un hogar venezolano, contemporáneo con el periodista venezolano recientemente acosado, tuvo que renovar su pasaporte en el nuevo sistema automatizado del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería, le informaron que: 62 años después de nacer, vivir en Venezuela, trabajar, con cédula venezolana, educación venezolana, pregrado y postgrado en la Universidad Central de Venezuela y muchos años al servicio de la administración pública, no podía tramitarse su nuevo pasaporte por no haber nacido en Venezuela, debía consignar la partida de nacimiento para verificar su situación irregular en el país. 
Es verdad, ese señor no nació en Venezuela, al igual que Cesar Miguel Rondón, periodista agraviado por la Gestapo comunicacional venezolana, el señor nació en Chile, sus padres venezolanos por nacimiento estuvieron exiliados durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y como la gran mayoría, regresaron después de la salida.

Por cierto, se dice que el mandatario obrero no tiene pasaporte, porque se le solicitó la partida de nacimiento, la cual no mostró. 

domingo, 28 de junio de 2015

La comunicación y sus elementos



Desde épocas remotas la comunicación ha sido motivo de estudio, por ser este, el modo de interacción común entre los seres humanos. La comunicación data de los inicios de la humanidad, cuando se reproducían e incluso se imitaban los sonidos animales o de la naturaleza con los fines de expresar y entender algún fenómeno o situación que ocurriese en el momento. Posteriormente nacen algunas formas de expresión, tales como los pictogramas, que son aquellos dibujos alusivos a fenómenos, animales que eran utilizados en murales por sociedades remotas. Durante los primeros pasos de la comunicación, también fueron utilizados los sellos para la personalización de envíos, esto en Sumeria. Es en Mesopotamia donde se conocen los primeros datos de la escritura cuneiforme y luego en Egipto la escritura jeroglífica, el alfabeto creado por los Fenicios también fue una innovación posterior, siendo todas estas interacciones que son naturaleza en el  proceso comunicativo.

La comunicación es un proceso de carácter bilateral donde un emisor transmite, a través de un canal un mensaje a un receptor. Es necesario agregar a esta definición un elemento de retroalimentación, que ciertamente valida el proceso, aceptando, entendiendo y descifrando el mensaje.

El éxito del proceso comunicativo se encuentra en la existencia de los elementos de la comunicación y la función que cada uno de ellos cumple dentro del sistema. A continuación se especifican cada uno de los elementos necesarios en el proceso de la comunicación.

            El emisor y el receptor en la comunicación son elementos partes que se encargan de la interacción, teóricamente el emisor emite un mensaje y el receptor se encarga de descifrarlo. En la práctica el proceso de retroalimentación permite explicar que ambas partes se convierten en emisor y receptor. Es destacable que en ésta época, con la evolución tecnológica la comunicación a dejado de ser netamente presencial, y el uso de la computadora, telefonía, entre otras, permite que la comunicación pueda ser sincrónica o asincrónica, es decir, simultanea ó diferida entre las partes.

            Ahora bien, el emisor como instigador en el proceso comunicativo, es quien envía en primera instancia el mensaje, la idea, la cual contiene el motivo del proceso. El entendimiento del mensaje enviado, estará a la suerte del contexto o experiencia del participante receptor, al cual podrá o no facilitársele. El mensaje a los fines de la comprensión entre las partes deberá manejarse en un código o clave conocidos por ambas.

El código en el proceso comunicativo es un lenguaje conocido por emisor y receptor, el hecho de no converger en el idioma o clave durante la comunicación suprime la posibilidad de existencia de una comunicación efectiva. La comunicación efectiva se materializa cuando el receptor del mensaje es capaz de entender, dándole la posibilidad de responder acorde y oportunamente. El canal como elemento en este proceso, destaca por ser el medio en el cual viaja el mensaje entre emisor y receptor.

Durante la comunicación interpersonal pueden ser utilizados los canales oral o visual. El canal escogido por las partes para transmitir el mensaje varía, dependiendo de la formalidad de las partes y la idoneidad del mismo.

Algunos tratadistas en el tema de la comunicación incluyen el contexto como un elemento más, el cual se encuentra vinculado con el entorno en el que se efectúa el proceso, la razón por la cual en un momento preciso se lleva a cabo la emisión de un mensaje en particular. Este elemento para algunos con menor importancia, permite la comprensión e interpretación del mensaje.

Hasta ahora se puede afirmar que los elementos discriminados son los necesarios para que la comunicación ocurra, pero durante el transcurso en la narración se ha mencionado constantemente, el entendimiento o comprensión que debe ocurrir en él proceso para que ocurra una comunicación efectiva, por tal motivo es oportuno agregar entre los elementos de la comunicación, la retroalimentación o feedback. La retroalimentación se fundamente en la interpretación del mensaje emitido, este evento puede verificarse con la respuesta del receptor, es decir, una respuesta positiva o negativa, una respuesta con información devuelta al emisor o simplemente una conducta de hacer o no hacer, lo que permite verificar que el mensaje emitido realmente ha sido recibido

Ahora bien, el objetivo de la comunicación puede variar, entre ellos se puede mencionar los siguientes: Informar, expresar, motivar, controlar, resolver conflictos, entre otros.

Habiendo definido el proceso comunicativo, desglosando los elementos que permiten que la comunicación se cumpla, es necesario insistir en la importancia de la comunicación efectiva. Esta debe pasar por cada uno de los elementos hasta que el elemento retroalimentación sea evidente. Para lograr que la comunicación sea efectiva debe existir un ambiente adecuado, libre de barreras; el mensaje debe ser conciso y claro; utilizar la información necesaria sin excederse; y atender ante las posibles reacciones.

Día a día nos encontramos con la comunicación, el proceso comunicativo forma parte de la sociedad desde los inicios de ésta en el mundo. Hoy en día la globalización y la tecnología ha llevado la comunicación a niveles impresionantes. Por ejemplo, redes informáticas a nivel mundial permiten que personas en el continente americano se conecten con personas en el continente asiático de forma sincrónica, sin límite en la extensión del mensaje. Los canales de comunicación han evolucionado de tal forma que puedes enviar y recibir archivos, tales como: textos, videos, imágenes, entre otros.

La comunicación en  los medios, se ha ampliado, países en todo el mundo desarrollan nuevas tecnologías que se convierten en ventanas, medios idóneos para comunicar. Televisión, radio, prensa, web, medios alternativos como twitter, son utilizados para informar, alcanzando a un alto número de receptores. La audiencia en la radio, la teleaudiencia en la televisión, los lectores asiduos en la prensa y los seguidores de los medios alternativos, por ejemplo, los seguidores de cuentas twitter o de blog personales, son hechos que demuestran que el proceso de envío y recepción de mensajes con retroalimentación, se cumple.

sábado, 23 de mayo de 2015

Lengua Oficial



Venezuela como otros países, goza en su extensión territorial de distintos dialectos apreciables por la población en general. En el oriente se habla rápido, algunos dirán atropellado; en los andes cantado y lento, en la capital neutro, en el llano un cantar veloz en comparación con el andino, entre otros. Cada zona tiene en su vocabulario, jergas, curiosidades y palabras utilizadas en su cotidianidad.

El idioma castellano es la lengua oficial de Venezuela. Se enseña desde temprana edad en las escuelas del país, desde hace muchos años, incluso antes del decreto del presidente Antonio Guzmán Blanco, en el que se declarase la educación popular, gratuita y obligatoria en el año 1870.

Las nuevas sociedades influenciadas por la tecnología y personajes que comparten a través de los medios de comunicación, igual o más tiempo con los jóvenes que con sus padres y maestros, es significativo garantizar la calidad de los mensajes que se distribuye en ellos.

En esta época los políticos de turno dedican más horas en los medios de comunicación hablando que concretando soluciones a innumerables problemas sociales y económicos. Los gobernantes empedernidos que disfrutan espacios radiales y televisivos durante la agonía colectiva de la población, podrían mostrar una imagen más digna, que incentive la educación; y no por el contrario, crear discursos vacíos y repetitivos que demuestran los valores y el nivel de educación que no tienen, que son necesarios para fomentar un país digno del siglo en el que se vive. Estos políticos en las parrillas de los medios de comunicación son complemento de una deteriorada programación que solo es superada en su mediocridad por el género de música reguetón, causal de deterioro del lenguaje y comportamiento de niños y jóvenes.

El discurso que perjudica no es, el que se equivoca una vez y tiene la capacidad de corregirlo, ¡No! Uno de los problemas, es la repetición insistente, sin remiendo alguno, mientras el televidente, oyente o lector lo asume como frases y palabras correctas.

El problema no termina allí, se incrementa cuando los discursos de horas son bañados en inventos, errores en el lenguaje, objeto de risa del desvergonzado ponente, quien en su incapacidad de corregir, reincide y se mofa como si fuese un gran chiste. En otras oportunidades, no solo se burla, sino que, alega haber hecho una broma; que sepan esos políticos que viven de hablar broza, que más allá de ser una vergüenza, son culpables del deterioro en el lenguaje de quienes tienen la televisión nacional como la escuela más cercana a la que han asistido.

No es normal, no está bien y no es nada estético abusar en la creación imperdonable de sustantivos femeninos en masculinos, o viceversa. Si uno de los políticos a los que se hace referencia, escribiera este artículo se duplicarían las palabras del texto y hubiese risas propias para hacer más populares estas palabras.

Discursos oficiales cargados de barbaridades, palabras sin sentido e inventadas, uso reiterado de femeninos y masculinos, cuando aplica y cuando no, están a la orden del día. Las razones podrían ser el desconocimiento; pero no, la teoría de la intencionalidad en busca de la repetición para fijar una matriz de opinión, mostrarse populacho y hasta bufón, o quizás feminista si el público destino en su mayoría son mujeres, demuestra que se usa disfraz según la ocasión.

Camaleones preparados, preparados para ser torpes, un absurdo que gobiernen sin preparación y mucha improvisación. El trabajo de dirección y la capacidad para idear el camino al progreso, debe ser para  personas con cualidades y bondades oportunas, más que ideología vencida y fermentada. Las costuras se le vieron antes de llevar los títulos y cargos. Las fallas que no procuran ocultar, quizás con fines de confusión, oculta verdaderas intenciones con simulaciones de memos.

Las limitaciones de algunos funcionarios se pueden diseminar con la ayuda de un gran equipo de trabajo, no se perdona que figuras de importante posición no dispongan de la investidura  necesaria. Destilan léxico distorsionado que repiten para convertirlo en moda del siglo XXI. Mucho traje y poco estudio podría ser una variable de un famoso refrán utilizado por un coloquial Presidente, abogado y comunicador social.

Se afirma que la falta de estudio en educación primaria, secundaria o universitaria del Presidente actual, no es la única razón de su mal hablar. La otra razón, es netamente estratégica, se dice que para mover la mira del amplio espectro de problemas del país, inventa palabras, utiliza mal, el completo y rico idioma castellano, es decir, distrae.  Podríamos sumar a las bondades de la verborrea charlatana del señor presidente, la facultad de inculcar antivalores y subjetivamente promocionar la deserción escolar o interés por el estudio. Algunos dirán: Yo puedo hablar así, sin reglas, inventando y gritando fuerte a quien no agrada.

 Los aplausos en el auditorio que constantemente acompaña a esos políticos de turno, no son garantía, ya se sabe que los heredados seguidores, por cierto, disminuidos, tienen por costumbre el aplauso de acuerdo al tono de voz del discurso, una palabra inventada, una frase que ofenda a quien no apoya sus atrocidades ó quizás un aviso luminoso que indica el momento. Lo cierto es, que los aplausos que validan el discurso en mal castellano, promocionan la nueva lengua oficial.

jueves, 2 de abril de 2015

Los que se fueron


   Lo más cerca que habían estado de otros países, ocurrió en época de mundiales de fútbol. Cada quien miraba los encuentros en su hogar. Era época de Romario, Bebeto, Hagi y el final de la carrera de Maradona, con aquella suspensión por dopaje. 

    Al finalizar aquellos encuentros del deporte que mas grupos de personas une, sin aviso, sin llamada telefónica, esa llamada con discado largo desde un teléfono gris con bocina y auricular de gran tamaño; sin la existencia del actualmente obsoleto mensaje de texto; pero con la coincidencia y el compromiso, tan exacto como reloj suizo; llegaban todos los invitados al verdadero mundial, ese donde nacen los sentimientos, gustos por equipos y jugadores del deporte con más influencia en el mundo.

    Son las cuatro y media de un año mundialista, el sol cubre aún, mitad de la cancha de juego, se discuten los integrantes de cada equipo, no habrá luz artificial, se jugará hasta que la luz natural lo permita, poco más de las seis de la tarde, hora de despedida de la jornada. Pocos son los que tienen franelas alusivas a equipos, algunos no llevan calzado. Goles y más goles, son narrados por algunos en las gradas; muchos goles son celebrados cual partido oficial.

    Durante este período, días así, se repiten, incautos  todos los participantes ante un futuro lleno de gustos, obligaciones y disponibilidades diversas, que obligarán a cambiar aquellas buenas tardes de gritos de gol. Pocos fueron los conscientes. Argentina, España, Francia, Alemania, entre otros;  fueron algunos de los países motivadores para muchos, en aquellos juegos de fútbol, países que al día de hoy, se han convertido en los principales destinos de aquellos futbolistas adolescentes, que a la fecha buscan tranquilidad, armonía, oportunidad, prosperidad que permitan lograr metas.

    Si algo en común gozan esos futbolistas de tardes soleadas, es de arraigo. Cada uno más venezolano que otro. Difícil decisión, cambiar de residencia. Familias enteras lo intentan, con lejanas mudanzas, dejando lo conocido, aspirando lo mejor, asumiendo nuevos y desconocidos retos.

    Migrar es un término reconocido por nacionales y extranjeros que residen en el País. Portugueses, españoles, chinos, árabes, chilenos; llegaron huyendo de realidades con consecuencias similares a las que hoy en día, vive la nación de Bolívar. Inseguridad, indignación, corrupción, escases son palabras comunes en el vocabulario patrio que describen la situación real actual.

    La búsqueda de calidad de vida, es el punto común del movimiento migratorio venezolano y quienes permanecen luchando contra la fuerte corriente de problemas, no desean marcharse. Muchos logran migrar con éxito; se establecen, estudian, hacen familia pero siempre anhelando volver, a la Venezuela bella, esa de paisajes que es y de gente cordial que quiere seguir siendo pese a las calamidades. Ojalá pronto podamos citar: Los que volvieron y no los que se fueron.

Por Simón Peraza Lazarde
@sapl42

martes, 3 de febrero de 2015

Una ola más

Adicto a una más, se transforma rápidamente en dos, tres o muchas más. Todas son distintas, unas más oscuras, otras más profundas, con más fuerza, planas, altas, pequeñas, huecas, están ahí. 

Transcurren horas y sigues disfrutándolas, nada se interpone, el hambre no es problema, solo se olvida, quizás se asemeje al sentimiento de aquel, quien se acostumbró a seguir adelante sin comer, motivado por otras razones.

Te levanta el despertador biológico, ese que trabaja como un reloj suizo cuando hay una motivación, expectativa o compromiso. Preparado para vivirlo desde el despertar, imaginas cada una de ellas, anhelas estar allí.

Ansioso vistes para ese encuentro que durará horas, sigues el ritual, una  franela para la ocasión, pantalón color naturaleza, tabla de 6 pies y algunas pulgadas más, cuerda de goma rígida color sangre que irá atada al tobillo izquierdo.

Apresuras el paso, sin saltar el protocolo. Intentas adivinar el color, la fuerza, la temperatura al ritmo del andar. De pronto, lejanamente le divisas, aún no no tienes certeza de su condición, pero lo ves, sabes está allí, para ti, un día más.

Estas cerca, su inmensidad luce atractiva. Hoy es el día que la sonrisa del alma se muestra porque ha visto y sabe tocará al mar.

Entonces tu también sonríes, es el momento. Late el corazón como la primera vez. Colores alrededor, tonos blancos, azules, plateados, verdes, la foto que cualquier fotógrafo espera atinar. Nunca se repite. 

Nadas en dirección este hacia el matutino e incipiente sol, su luz es guía, se mezclan los colores en la vista mientras avanzas, chocas, te sumerges y sigues nadando.

Remas enérgico, superas la primera, la segunda frena en tu rostro, la respiración no mengua, sin parar de remar te sumerges por la llegada de una tercera ola, nuevamente has superado su espesor de espumas y emerges en un mar calmo.

Solo, sentado en esa fibra con tres quillas, inconscientemente mueves bajo el agua los pies en óvalos, volteas y son trescientos sesenta grados de naturaleza percibida a través de cada sentido. 

Recorriste desde la orilla entre cien y ciento cincuenta metros de mar movido. El agua se ha hecho tibia, sumerges tus manos, bañas tu cara y la espera comienza.

Las candidatas vienen, el tiempo se detiene para observar, meditar, simplemente vivir. Miras alrededor buscando escoger la más atractiva. Llegará el momento, sabrás es esa; entonces nadas con potencia, impulsado por la ansiedad de sentir la brisa en el rostro a gran velocidad.

Cinco brazadas han bastado para alcanzar con impulso la fuerza del mar, un segundo y una flexión fue necesaria para levantarte y empezar el recorrido.

Rozas el mar con tus dedos y la brisa toca tu rostro mojado, vas muy rápido, inquietud y adrenalina en segundos te piden una más mientras aparece la mejor imagen, una frontal de una playa, arena, mar, sol y palmeras.

Horas transcurren, cae la tarde, el sol se esconde, sabes que aún puedes encontrar algunas más y repites el proceso desde cero, animándote a una más por hoy, una ola más.

jueves, 15 de enero de 2015

PERO

PERO. En los últimos cuatro días he leído demasiadas veces esa palabra. Normalmente introduciendo una adversativa tras una declaración de buenas intenciones de perogrullo. «Condeno el uso de la violencia PERO». «Estoy a favor de la libertad de expresión PERO». Hablo, claro, de las reacciones al atroz, terrible crimen que varios terroristas cometieron en París y que acabó con las vidas de diecisiete personas, entre ellas cinco dibujantes de la revista Charlie Hebdo, blanco del ataque. En un primer momento, cuando sucedió, me quedé completamente bloqueado. Incapaz de reaccionar, ni mucho menos de escribir sobre lo que había pasado. No quería escribir en caliente, no quería decir cosas en público de las que luego pudiera arrepentirme. Quería tener cierto duelo antes de hablar, porque el dolor en ocasiones no es buen consejero. Y esto me ha dolido muchísimo. Necesitaba distancia y cierta reflexión. Por desgracia, fui de los pocos que pensó así.
Desde el instante siguiente al ataque las redes comenzaron a llenarse de opiniones de personas que resultaron ser expertas en el Islam —aunque confundieran árabe con musulmán; pequeños detalles sin importancia—, en libertad de expresión, en geopolítica en general y en la historia de la Charlie Hebdo en particular. Y así, junto a la farsa habitual y esperable —medios que llevan años secuestrados por intereses políticos y económicos diciendo que ellos también son Charlie, el gobierno de Rajoy haciéndose cruces mientras aprueba la Ley Mordaza— he asistido con pena y rabia a un desfile de opiniones lanzadas desde la izquierda, o desde cierta izquierda, o desde ciertas personas de izquierda.
Pienso que hay, en ciertas personas, una necesidad de disentir casi patológica, de ir más allá de la mayoría, incluso de los de su cuerda, de ver lo que nadie ve, de querer ser más papista que el papa: de ser más izquierda que nadie. Normalmente esto conlleva una seriedad exagerada, un ansia de trascendencia que deviene en una superioridad moral tan dañina como la de la derecha más tradicional. Desde arriba, nos juzgan y señalan nuestros pecados. Y se pasan, claro. Creo de veras que cierta izquierda, en esa especie de carrera por ver quién es más abierto, tolerante y respetuoso, han acabado dando la vuelta completa y cayendo en cierto tipo de conservadurismo. Es lo que ha sucedido estos días en torno a Charlie Hebdo.
Obviamente muchas de esas personas ni siquiera conocían la revista previamente. A partir de cuatro portadas que satirizaban el Islam se han formado una rápida opinión para desmarcarse de la corriente y descubrirnos que ahora lo verdaderamente de izquierdas es censurar y poner límites, porque, claro, Charlie Hebdo es una revista islamófoba. Porque satiriza el Islam. Da lo mismo que durante sus cinco décadas de historia hayan disparado a todo y a todos, da lo mismo que tengan multitud de portadas y chistes donde arremeten contra otras religiones, incluyendo la católica. Da lo mismo que hayan cargado abiertamente contra la derecha y contra las políticas xenófobas de la misma, da igual que varios de los dibujantes sean de origen árabe. Han visto una imagen en la que han detenido la mirada tres segundos y eso es suficiente para sentar cátedra.
Criticar el Islam es racista y xenófobo, dicen. Es una falta de respeto innecesaria a las creencias de unas personas. Ok. Supongo entonces que toda esa gente se sentirá fatal cuando Mongolia ridiculiza las creencias de los católicos españoles. Pero no, por supuesto. A esas personas de izquierda les parece bien eso, les parece bien la crítica sin límites a nuestras tradiciones, entienden que eso es progresista, y de hecho ponen el grito en el cielo con cada condena de nuestra deficiente legislación a un humorista. Porque, dicen, la libertad de expresión es sagrada. Cómo ha cambiado el cuento en tres días. De repente, las mismas personas que seguramente compartirían entusiasmados viñetas de El Papus de los años setenta cargando contra la Iglesia, los mismos que quizás sin saber su procedencia hayan aplaudido antes alguna portada de Charlie Hebdo crítica con Franco— por ejemplo—, nos dicen que libertad de expresión sí PERO.
Nos estamos equivocando terriblemente. En serio. Si ése va a ser el discurso, si la izquierda va a ser así, perdón pero yo me bajo. Esto no es ser de izquierdas, o al menos no es la idea que yo tengo de ser de izquierdas. Primero: la oración «Estoy a favor de la libertad de expresión» debe ser simple y terminar con un punto. No admite matices. Si los tiene, entonces ya no es libertad. Si consideras que una cosa es la libertad de expresión y otra faltar al respeto, entonces no has entendido absolutamente nada. La libertad de expresión incluye la posibilidad de faltar al respeto. Porque si tenemos que respetar las creencias, entonces tenemos que respetarlas todas; incluso las absurdas o las que sólo sostiene una persona. Lo cual equivale a decir que no podemos reírnos de nada. Pero si la cuestión es que alguien considera que no puede satirizarse una religión porque es la que profesa un pueblo oprimido, entonces vamos todavía peor. Primero, por el paternalismo etnocentrista de quien está intentando ser más tolerante y multicultural que nadie. Y segundo, porque precisamente es la versión dura de esa religión la que está oprimiendo a millones de árabes. Musulmanes o no, religiosos o no. Estáis errando el tiro: no es con el radicalismo y el fanatismo con el que debéis ser tolerantes. No son «sus costumbres»; es un sistema de control totalitario y asfixiante que está matando, sobre todo, árabes. Que oprime a las mujeres, que castiga la disidencia, que tortura. Que hace todo lo que aquí hemos luchado, desde la izquierda, por erradicar. Y ahora, por no querer pecar de lo que con acierto denunciáis en la derecha, por no dar pie a que nadie dude de vuestro respeto a otras culturas, estáis comulgando con ruedas de molino. Ruedas de molino peligrosas, además. Y se cae en una esquizofrenia cultural llamativa: se defiende el velo porque las monjas también llevan la cabeza cubierta y al mismo tiempo se critica la iglesia católica por relegar a las mujeres a ese rol. Se exige el laicismo para nosotros pero se respeta el integrismo para ellos. Sólo que ya no hay un nosotros separado de un ellos. No me extiendo aquí porque me faltan conocimientos y porque precisamente ayer leí, vía Pepo Pérezeste artículo de Ilya U. Topper al que os remito, porque creo que expone la cuestión con claridad cristalina.
No es una cuestión cultural. Se trata de opresión y tiranía. Y, creedme, a nadie le gusta ser oprimido. Pensaba que eso sí lo teníamos claro. Si ante la prohibición de dibujar a Mahoma la respuesta es no dibujarlo, entonces han ganado los opresores. «¿Por qué molestar?», se preguntan algunos; «De acuerdo, a favor al cien por cien con la libertad de sátira de Charlie Hebdo, pero si sabían lo que podía pasar, para qué arriesgarse?». El argumento del miedo me apena más incluso que el anterior, que más bien me cabreaba. «¿Qué necesidad hay de provocar? Hombre… seamos juiciosos». Tanto darle vueltas a los límites del humor y de la libertad de expresión para llegar a la conclusión de que el límite está en las pistolas. Así de triste. Di lo que quieras pero si te pueden pegar un tiro, cállate. Esto no me lo estoy inventando, ni estoy haciendo parodia: son comentarios que se escuchan y leen en estos días, dichos por gente supuestamente tolerante y abierta. «Se lo han buscado», «Ya sabían el riesgo que corrían». El argumento de ser tolerante con la intolerancia porque las consecuencias pueden ser sangrientas es, lo voy a decir claro, aterrador. Supone una derrota absoluta, en mi opinión, de unos valores y una ideología que debería buscar todo lo contrario: la valentía, el arrojo, la lucha por lo que se cree. Si nos metemos con unos porque no nos ponen bombas pero con los que sí lo hacen nos callamos, hemos perdido. Y ellos han ganado. Es un argumento que, tristemente, he tenido que ver cómo sostiene alguien por lo general tan lúcido como Joe Sacco, que para mi sorpresa toma la parte por el todo y se cuestiona si no tendríamos que respetar la exigencia de unos fanáticos para no molestar a millones de personas.
Pero, ¿sabéis? Quizás la pregunta sea lícita. Hablamos de vidas, es cierto. Hemos vivido días terribles. Charb, Cabu, Honoré, Tignous y Wolinski han muerto por dibujar. Otras doce personas ha sido igualmente asesinadas, supongo que, según los que intentan justificar en alguna medida lo que ha sucedido, por pasar por allí. Los cinco dibujantes habían «provocado»; ¿qué había hecho el resto, según los que argumentan con esos PEROS? Da igual, no quiero entrar en eso. Quiero hacerme preguntas. ¿Por qué se arriesgaron? Es cierto.
¿Por qué se arriesgaron a dibujar a Mahoma si sabían que los podían matar?
¿Por qué El Papus se reía de la ultraderecha si sabían que les podían poner una bomba?
¿Por qué negarse a pagar el impuesto revolucionario a ETA si sabes que te pueden pegar un tiro?
¿Por qué exigir democracia si te pueden torturar en una comisaría?
«Por qué los negros pedían derechos si sabían que el Ku Klux Klan acechaba?
¿Por qué no se quedaron en su casa Martin Luther King, Nelson Mandela o Malala Yousafzai?
¿Por qué hablar, por qué arriesgarse?
La respuesta es sencilla: porque nadie más lo hacía.
Mientras los demás sucumbían al miedo o eran víctimas de su propia confusión, los autores de Charlie Hebdo no cedieron. No se dejaron silenciar por la violencia, no rebajaron ni un ápice su sátira feroz contra quienes pretenden oprimir y recortar la libertad. No dejaron nunca de ser dignos de una tradición satírica profundamente francesa, que hunde sus raíces en el siglo XIX, en las figuras de autores como Honoré Daumier: tal vez él también debería haberse abstenido de caricaturizar el rey, y se habría ahorrado la cárcel.
El humor es libertad absoluta. El humor ofende, por supuesto que ofende. Para eso está. Para señalar al poderoso, para denunciar la injusticia, para gritar allí donde los demás callan. Para jugársela, por todos nosotros. También por los que tuercen el gesto, también por los que opinan que va «demasiado lejos». Ahora todos son Charlie Hebdo. Pero no es cierto. La mayoría callamos mientras ellos se la jugaban, mientras se ponían conscientemente en el punto de mira porque lo contrario era la derrota que, tal vez, estemos viviendo estos días. Hago mías las lúcidas palabras de Isaac Rosa en el homenaje de Orgulo y satisfacción: «“Yo soy Charlie”, repetimos todos estos días. Pero qué va. Charlie eran solo unos pocos, los que se jugaron la vida». Así es. No soy Charlie, no me atrevería a decir que lo soy, porque no tuve el valor de hacer lo que ellos hicieron. Ahora, lamentablemente, tenemos que asistir al juicio desinformado a su labor por parte de quienes se dicen defensores de la libertad. Y tenemos que ver cómo una ultraderecha a la que siempre atacaron capitaliza su tragedia, y cómo gentes que querrían prohibir la sátira contra sus creencias proclaman la libertad de expresión para criticar las de enfrente.
No hay que estigmatizar a quien elige no jugársela. Pero tampoco podemos criminalizar a quien sí tiene el valor para ello, porque es perverso. Y quiero decir para terminar que estoy lleno de dudas. Cada vez más. Y que por eso me asombra que muchos tengan perfectamente claro y ordenado el mundo en su cabeza y puedan juzgar con tanta alegría unos hechos y a unas personas desde el minuto uno. Me maravilla tanta certeza en un mundo tan complejo; ojalá yo tuviera tanta seguridad ideológica, ahorra muchos disgustos. Pero sí creo tener algo claro: como sociedad no podemos ceder. Si lo hacemos, si dejamos de hacer humor no ya para no herir susceptibilidades, sino para que no nos vuelen la cabeza, esto no terminará nunca. Será la mayor victoria del terror, y el mayor fracaso de todos los que queremos libertad, de cualquier parte del mundo. Y será el peor favor que hacerles a los millones de árabes que son las primeras víctimas del fanatismo, por añadidura. Pero no puedo ser optimista. No con lo que estoy presenciando. La corrección política es peligrosísima; no sabéis cuánto. Deviene en un nuevo conservadurismo que rápidamente se volverá en nuestra contra. Ya lo está haciendo.
Charlie Hebdo: gracias. Lo siento. No os merecéis las balas; tampoco os merecéis tanto PERO.
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Tomado de: https://thewatcherblog.wordpress.com/2015/01/11/pero/