Criterio Nuestro es el blog personal de Simón Adrián Peraza Lazarde. Un poco de mucho donde participan colaboradores escribiendo opinión, investigación y demás géneros periodísticos o literarios.
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martes, 1 de diciembre de 2020

El mejor año de porquería


Son tantas las personas que han sufrido en este pandémico año y tantos otros que se han ido de este lugar, al que unos le llaman la tierra y otros hogar, que pudiese usted sentir pánico si escucha a alguien definir al 2020, como un buen año, el que inició en ese enero de exportación multicontinental de un virus y que asombraba con un terrible incendió en Australia, devorando bosques y miles de especies animales. 

Foto de @purzlbaum
¿Quiénes en sano juicio tras meses donde lo que era ya no es, destrucción de hábitos y construcción de otros nuevos porque sí, escogería al veinte veinte para su top Mejores años de la vida? 

Muchos, los que entendieron que debían aprovechar el cambio y los niños, siempre ellos, pintando porque les gusta y no porque la maestra lo pide, sin usar reloj ni intenciones por saber qué hora será. Van cantando, jugando con sus padres en casa, poniéndose cubrebocas ellos y sus muñecos, posiblemente lo extrañarán cuando la vida vertiginoza retorne con más ahínco. 

El año que se acaba al finalizar este diciembre, ha sido complejo de digerir, algunos aún no pueden y otros, lo hacemos días si y otros cuantos no. Despertar y aprender a vivir sin las cansadas rutinas de siempre, mientras el ánimo va en montaña rusa; la preocupación de tener ingresos variables que pueden llegar a cero, pero con tiempo para leer lo que no se hubiese podido leer ni descubrir, tiene su punto.

En este período no se despierta temprano para llevar a los hijos a la escuela, se intenta cumplir con el -sencillo- rol de maestro en casa, evitando mezclar funciones con las de padres; mientras, se va reescribiendo en cada salida del bunker a la compra, un riguroso método de protección en el que frecuentemente al ejecutarlo, se olvida el tapabocas y debes regresar por él.

Este año ha sido una experiencia buena pero mala, ojalá se entienda. Una etapa que ha dejado aprendizaje pero que no quieres repetir, como una asignatura complicada en la universidad que no pretendes volver cursar, mejor que venga otra distinta; como el restaurant al que deseaste ir y cuando por fin vas, encuentras una mosca justo antes de terminar tu plato, seguro podrás irte sin pagar, que bueno, pero no querrás volver para otra degustación.

Esta porquería ha dejado momentos buenos y muertes, lejanas y cercanas. Jóvenes y viejos han partido adelantadamente, y por eso cuesta decir que el dos mil veinte ha sido un gran año. Tocó además, convivir consigo mismo, sin huir en otras personas, cerca del ser, conociendo quién eres, en este complejo momento que ha dejado tiempo extra para  mucho pensar. 

Con seguridad, hay personas que no han visto lo grandioso que tiene este nuevo mundo desordenado que seguimos descubriendo, tampoco yo lo veo todos los días. Para ello, cada quien debe aprender a amar su caos, como lo explica Albert Espinosa en el Mundo Azul. También serviría formarse en la vida para estar atentos a encontrar detalles que se miran, aprovechando el tiempo, quitando atención a lo prescindible.  

El horizonte seguirá mostrándose empedrado y con baches de todas dimensiones, cuarentenas en diversas modalidades se extenderán alrededor del mundo al menos hasta 2021, por lo tanto, las condiciones en el globo no habrán cambiado mucho cuando iniciemos el siguiente calendario. Entonces, corresponderá sin saber realmente hasta cuando, seguir esquivando contagios y seguir aprendiendo. 

En algunos países irán arreglandose las rutinas, mientras en otros, no quedará mejor opción que amar al caos, tu caos, como lo describe Albert. Por eso, no estaría de más ni tampoco mal, adelantarse e inscribirse en el selecto y reservado grupo de gente que incluye y recordará al mejor año de porquería, como un top five, como mi hija que lo ha hecho y recién ha cumplido cinco años de edad.

Por Simón Peraza Lazarde
@sapl42

miércoles, 23 de septiembre de 2020

¡Usted es mi hermano!

El fanatismo por Guaco para quienes nacieron en los años ochenta debió crecer en los noventa cuando salió Archipiélago, pegando el éxito Como es tan bella.

Desde ese entonces, algunas canciones de Guaco pasarían a ser banda sonora de relaciones amorosas de mucha gente,  recuerdos de historias finalizadas y flechas en fase de conquista cuando esa otra persona compartía con gusto el género.

Seguramente la historia de Fran con la banda va por ahí, fue un fanático más que fiel, se describía como guaquero, además tuvo el plus de hacerse amigo de su ídolo Luis Fernando Borjas; a quien además intentaba interpretar vocalmente y lo lograba.

Como era insuficiente el talento musical innato de Francisco Javier, El 20 de julio de 1985 en su nacimiento, junto a él, después de convivir en la barriga de Claret, vino Juancho con un cuatro para formar esa extraña pareja de tres, cariñosamente identificados como los morochos o los gordos.

Ese travieso par que en alguna época dio algunos dolores de cabeza a su madre, encontraron desde muy jóvenes una exitosa manera de relacionarse públicamente, dándose a conocer a fuerza de amistad, serenatas tocadas y cantadas por ellos, ocurrencias y carisma, acompañado una que otra vez por -unas pocas gotas- de bebida destilada. 

En cada pausa de Juan Francisco con el cuatro estaba Fran animando con otra canción, baile o una imitación de amigas bastante natural. Las discusiones o enfados temporales entre ellos también podían ocurrir, y lo hacían saber: “¡Es que Juancho…!” o “¡Es que Fran!”…, dependiendo quien pusiese la queja, pero permanecían en el sitio, sin alterar el repertorio, sin abandonar amigos ni tragos pendientes. 

Inesperadamente Fran se ha ido físicamente, y aunque no existe buena hora para morir, una verdad ha sido que, él no se fue en buen momento. La pandemia obligó a familiares y amigos a guardar distancia, hubo menos compañía presencial para sus seres queridos y escasez de abrazos necesarios.

Para la tranquilidad de todos, vale saber que no estuvo solo en sus últimos días y aunque pareciese impensable que alguien faltase por conocerle en Margarita, hizo nuevas amistades durante la hospitalización, un hecho que para nada desentona con su comportamiento habitual de públicamente, sin temor, ni reservas decir palabras de afecto, cariño y amor a todo aquel con quien congeniara. 

Allí, en una camilla por varios días siguió siendo él y sin protesto se mantuvo contando anécdotas con los presentes, haciendo reír, atento de su esposa que le esperaba afuera, poniéndose a la orden de la gente para encontrar algún repuesto en Toyoamigo donde hacía llave con uno de sus hermanos de vida, Jesús Caraballo; en ese transcurso también respondió mensajes a todo el que supo que jorungaba su teléfono aún, y tuvo tiempo de "quejarse" porque Juancho le llamaba muy seguido para saber de él.

En la memoria ha quedado Francisco Javier como una buena persona, con 35 años mantenía la esencia de un niño sin maldad, un buen hijo, hermano de sus amigos a quienes acostumbraba llamarles usando los dos nombres, cargado de gestos nobles, un gran tío de sus sobrinos como lo demostró por años con Camila antes que María Rosa migrara y recientemente, con Fabían y Braulio, primogénitos de Pablo y Juancho, respectivamente.  

Volviendo a su vínculo con Guaco, con cada canción puede recordarse su vida, esa alegría permanente. Fran solía escarbar cada coro, estrofa o retazo pegajoso de esos temas, extrayendo las mejores partes con sus arreglos para compartirlos cantándolos. 

No requerirá esfuerzo pensarle, hizo mérito, quizás sin saberlo o tal vez si que lo sabía, así como entendía el concepto de amistad. Poco tiempo antes de su partida, le escribió a un amigo en común que se fue del país un año atrás: 

"Mijo querido, hoy te he recordado demás!!! Aunque aquí nos veíamos poco igual el sentimiento de quererte y amarte está intacto. Quizás no fuimos los mejores amigos pero siempre en mi corazón estabas como parte de mi familia. Aunque no eramos de pasarla juntos, cuando nos veíamos era demás de increíble. No te olvides que existen personas en el mundo que te quieren". 

Y como si fuesen pocas las vivencias para recordarle, donde suene el cuatro de Juancho, allí estará Fran, en la primera voz, la segunda, el coro o tarareando porque ellos seguirán siendo uno.  


"Para mi hermano querido del alma".

Francisco Javier Rojas Suárez de… † 23-08-2020

viernes, 21 de agosto de 2020

Temores

Los niños temen al coco, al perro suelto que se acerca mientras pasean, a creerse perdidos en el supermercado, a la oscuridad, y a tantas otras. Con los años, hechos adultos esos pequeños, extinguen sus temores en el olvido, descubren sus sinsentidos, pues en ocasiones no había razones.

Mantener la libertad, atesorando lugares donde se ha podido expresar abiertamente, sin perder la paz e independencia, es prioridad en el ser humano hecho adulto, incluso en países con regímenes no democráticos donde pareciese un imposible, se intenta pese a la posibilidad permanente de no ser libre.

Por años Venezuela, ese país en el que ahora, es costumbre anhelar la plenitud pasada, sufrido hoy entre calamidades, resistió al temor a ser igualado en miseria con Cuba, un temor que creció rápidamente para dejar de existir, se ha extinguido.

"Ahí vamos pareciéndonos a Cuba", decía cualquiera. De ser un chiste incrédulo, una broma que especulaba con un peligroso futuro, se convirtió en un temor formal a ser otra isla, una más regentada por totalitaristas.

Para la fecha en que se publican estas líneas, el pavor se ha ido. Así como los niños dejaron sus miedos, se ha esfumado ese temor. El plan siniestro de quienes manejan los hilos de poder se concretó, lograron asemejar a la Venezuela de posibilidades con el lastre cubano.

Venezuela y Cuba o viceversa, cada día más símiles sin importar el orden en que se observe. El sistema de una es el de la otra. El experimento importado hasta Caracas ha dado el mejor fruto, una mutación permanente que alimenta la capacidad de un sistema retrogrado para mantenerse en pie en 2020 y más allá.

Libertades cercenadas, hambre, detenciones arbitrarias, fallecidos sin atención sanitaria, corrupción, dádivas como salario, colas para adquirir productos, delincuencia, nacionales en el exilio, falta de gasolina, apagones, bodegones en divisas y pare usted de contar, son prácticas afianzadas en ambos islotes.

Ahora que son dos gotas de agua y la franquicia cubana se ha esparcido sembrando carencias entre carencias, el miedo a ser como la otra no es posible, se ha esfumado, son ya iguales.  

Así como los niños dejaron de temer al coco para temer como adultos, en Venezuela ya no se teme ser como Cuba. La supervivencia apremia arreando vidas agotadas de una población que ha anticipado su vejez, mientras sigue soñando ser libre y solo teme al olvido.

Por Simón Peraza Lazarde
@sapl42

viernes, 24 de julio de 2020

Corrupción Reloaded por @avlis1000

Las habilitaciones, los permisos, la autonomía. Una renovada forma de corrupción en tiempos de pandemia.

Corren tiempos difíciles en Venezuela: tiempos de recesión económica, de pandemia, de cuarentenas; sin gasolina, agua ni luz. Algunos con dolares otros muchos con dolores y la mayoría de la gente pasando trabajo. 

Esta situación ha obligado a la corrupción en nuestra hermosa ínsula a reinventarse (palabrita mas que baboseada en estos tiempos), renovando y potenciando viejas estrategias para seguir robando a cuanto inocente o no tan inocente se les atraviese.

Durante décadas el sector donde hice vida profesional fue inmune, o casi, a la corrupción. Eran muy pocos los casos que se veían y los farmacéuticos nos sentíamos orgullosos que las cosas funcionaran legalmente sin necesidad de coimas o amiguismos. De reojo veíamos a veces como a algunos inspectores de otros sectores o a sus jefes les regalaban botellas, comidas o un sobre por aligerar el otorgamiento de permisos o hacerse los ciegos ante violaciones de normas legales. Eran muy pocos, de sobra conocidos, muchas veces denunciados y hay que reconocer, pocas veces castigados.

Pero, parafraseando al cantor aquel ( Y en eso llego Fidel. Carlos Puebla): “Llego Maduro II y mandó a acelerar”. Desaparece el recato y la decencia, sin sonrojo alguno funcionarios de toda categoría se dedican a la caza de incautos a quien esquilmar usando las excusas de lo lento de los trámites a menos que se "habilite" previo pago en dolares. La autonomía da para todo. Jefes sinvergüenzas ¿abogados trastocados en sanitarios? exhortan públicamente a sus subordinados a salir a la calle a cerrar establecimientos o inventar sanciones que luego son levantadas previo pago, no en bolívares devaluados sino en billetes verdes con la cara empelucada de Benjamín Franklin. En las oficinas circula un tarifario de la corrupción que todos conocen y muchos aplican. Las sanciones se levantan en oficinas cerradas y pasillos oscuros lejos de la mirada de los decentes que gracias a Dios aun quedan.

Lo triste y dramático es que los que deberían protestar prefieren ver hacia otro lado, taparse las narices y uno que otro, también sobradamente conocido se convierte en gestor de la corrupción recibiendo como pago sonrisas, palmaditas e impunidad para sus desmanes.

Eso algún día se acabará estoy seguro y los que hoy abusan, corrompen y son corrompidos tendrán que rendir cuentas y ser castigados. Con esa fe me mantengo y le pido a la Virgen del Valle que algún día la justicia se imponga juzgue y castigue. También pido que nunca se vean esas acciones de robo y corrupción como algo normal en nuestra amada isla, en nuestro amado país.

Por Rafael Silva Figueroa 
@avlis1000

lunes, 29 de junio de 2020

Lógico

En alguna navidad de un año incierto, entre mi adolescencia y adultez, coincidimos en la típica parranda margariteña que hicimos ocasionalmente por El Palosano, caminando cada quien con un instrumento y la voz, alegrándonos con alcohol propio y regalado por hogares dadivosos que se desprendían del brebaje de peor calaña.

Parrandas, parrandas y mucho Gualberto, tenía repertorio suficiente para cantar en pascuas, y eso es bastante. Todos saben que la parranda no dura sin cantante que sepa canciones.

“Hombre parrandero no debe morirse para divertirse con sus compañeros”.

Sin academia pero con una recopilación de versos acompañados con un cuatro,  tambor, charrasca o viva voz, logró ser inspiración para la hija menor, quien para suerte, eligió la música para la vida, se fue orgulloso.

Físicamente partió en tiempos de cuarentena 2020 y mientras la mayoría estaba encerrada, él se sentaba fuera de casa como si nada pasara en el mundo, le pasara, ni le pesara, como si estuviese agarrando fresco en una tarde sin servicio eléctrico.

Desde que regresó a Margarita, cinco veces conversamos guardando la distancia social y otras quedaron inconclusas por Whatsapp. Decidí contar esas veces e intenté memorizar las conversas. Se mostraba tranquilo tras su viaje a Caracas, era el mismo pero con menos tiempo.

Hablamos de deportes y la desdicha para sus fanáticos al perder Directv, descubrí también que le apasionaba la Fórmula 1, entonces le recomendé Drive to survive una serie de Netflix. El preguntó par de veces el nombre, por eso, quiero pensar que pudo verla y distraer al dolor que  en nuestra última tertulia, manifestó sentir.

El día que más conversamos no se extendió porque mi hija quería ir a casa. Ese día me contó de Alejandro, un amigo en común que reside en Alemania. “Hablé con Ale, está vergatario pasando frio por allá”, me dijo. Por ahí nos fuimos charlando como en aquella época de trayectos ida y vuelta para ver ganar -y perder- a Guaiqueries.

“Tan bonitos tus Guaiqueríes”, decía alguno de nosotros al otro cuando perdían, para luego concluir: “¿A qué hora nos encontramos para ir al juego mañana? ¿Tienes entradas?”.

Para cada frase obvia, indudable e incuestionable, común era que respondiese con ese particular y tajante, lógico. 

Así lo escuche una vez más: -Que bueno pudiste regresar, mejor estar en Margarita con María José y Oriana. ¿No?

- Lógico, contestó.

Para mi amigo Carlucho (Carlos Rojas) † 29-06-2020


lunes, 25 de mayo de 2020

Expertos

Se sabe que mienten, la experiencia y la vibración que irradian frente a cámaras, demuestra que falsean en cada declaración donde deberían informar veraz y científicamente para que las personas comprendiesen cada por qué de la pandemia y su cuarentena. 

El irrespeto por la población, por cada profesional sigue en el guion. Extensas cadenas para repetir frases, culpar y mostrar métodos que no se cumplen; otras para dispersar odio, regañar, burlarse y terminar desinformando al estilo de Goebbels. 

Es el eslabón del sistema de poder que humilla comunicando, a través de “voces expertas” que lucen batas blancas, asegurando la eficacia en el cumplimiento de un plan -que aplana la curva de contagios-.

Hace unos años el jerarca obrero, heredero impuesto y burlón por libreto, reinauguraba un hospital en Vargas. “Los médicos” algunos con dialecto de una isla caribeña le regalaron una bata, tras una breve insistencia se la colocó y dijo entre risas: Ahora si parezco un chichero.

No hay respeto por la gente, por el médico, ni por el chichero. No les agrada la crítica ni quien la hace, tampoco los ciudadanos calificados, por lo que no hay simpatía por los científicos, pese al gusto que tienen por disfrazarse de ellos para mentir u omitir al informar. 

Amparados en la cordura de la que otros carecen, la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (ACFIMAN) en aras de colaborar con la situación y prevenir en Venezuela muchos más casos de coronavirus, presentó un informe atendiendo a los datos disponibles.

Con el temor que implica alzar la voz en este sistema, la academia hizo recomendaciones como: aumentar las pruebas PCR-RT, únicas validadas por la OMS; pidió el número de pruebas tomadas y resultados positivos para así evaluar los sesgos y urgió descentralizar el diagnóstico que solo se hace en Caracas. 

Asimismo, se atrevió a dar proyecciones tomando en consideración los datos oficiales, criticados por no ajustarse al escenario epidemiológico del virus, estimando un subregistro de entre el 63% y 95%, lo que prevé en cada contexto planteado un pico de más de 1000 casos nuevos cada día después de la primera semana de septiembre.

Inmediatamente y como era de esperarse salieron expertos de la nada, catalogando a la academia de alarmistas, acusándoles de sembrar terror al pueblo, huyendo así de las cifras y la ciencia que hoy advierte una posibilidad latente en un país con sistema de salud precario. 

Por Simón Peraza Lazarde
@sapl42